sábado, 16 de abril de 2011

Autorazos! Alberto Breccia

Después de la saga bi-notal (?) de autores extranjeros (o mejor dicho, de habla inglesa), decidí que no solamente se merecían mención ellos, sino también nuestros grandes locales, nuestros sucesores y creadores del propio ruedo que nos compete a todos. Es por esto mismo que me pasee por mi biblioteca otra vez, leyendo y releyendo unos cuantos títulos de cuando era más pibe, más adolescente y a la vez más flaco (no se que tiene que ver, pero bue).

Así, navegando entre recuerdos de pibes, pendejerío y momentos a solas (convengamos que la lectura hace al hábito de la soledad, también) llegué a costas un poco dudosas, entreviendo los estilos y los momentos por los que atravesaba mi propia vida como lector a la hora de empezar a nutrirme de cosas. De leer frases de cuadros que no comprendía, nombres que no significaban nada para mí y dibujos que no expresaban nada para la versada mente de un chico que tenía apenas un puñado de años, un amor marcado por las repeticiones de Telefé del Zorro, los Power Rangers y la chocolatada.

Siempre me encantó una cuestión de la biblioteca de mi padre; el hecho de que todos los volúmenes que tenía estaban ajados, hojeados y viejos; que el papel era amarillento y tenía una textura como de piel de anciano, que te pedía con esa suavidad que insinúa la desintegración, que por favor los trates con cuidado. No puedo enumerar en el recuerdo la cantidad de volúmenes que de este modo terminé leyendo, por partes o por pedazos, obras incompletas que te dejaban con esquemas de continuación en la cabeza, o preguntas respecto a tal o cual personaje.


Nunca olvidaré la noche en que mi viejo me entregó uno de esos volúmenes, hechos mierda y a medio romper, con el lomo hecho jirones, y me dijo que lo leyera; corrí a mi cama y me puse a devorarlo, mientras afuera había tormenta y yo me abrigaba al calor de mi estufa… y al calor de Oesterheld y Breccia. Mi viejo me había dado su versión del Eternauta.

No solamente me voló la cabeza el hecho de haber leído el Eternauta, que en esa versión tiene un relato más crudo y corto, sino que también me costaba interpretarlo a Breccia. Las sombras que se movían, las contra-sombras que aparecían insinuando cadáveres, los colectivos retorcidos, y todo, todo coronado por esa condenada nevada que no paraba de caer. Desde entonces, empecé a cazar trabajos de este autor, que irónicamente se lo trata de historietista, pero no de guionista o dibujante puramente. Damas y caballeros, aquí están, estos son…

Wikizarpa

Que tal si nos ponemos un toquecito a leer detalles biográficos del viejo?

Nacido en Montevideo, a los tres años su familia se mudó a Mataderos, barrio de Buenos Aires. Allí, antes de dedicarse al dibujo profesional, se desempeñó como obrero de la industria de la carne: "Hacía un trabajo muy desagradable, era rasqueteador de tripas". Sin embargo, empezaba a tomarse en serio el trabajo de dibujante. Como el mismo reconoció en algunas oportunidades no fue un superdotado: fue un tipo con cierta habilidad. "Cuando terminaba la jornada en el matadero iba a mi casa y dibujaba lo que podía. Con esos balbuceos empecé a buscar trabajo." En aquellos años, 1937, 1938, los periódicos importaban material de los sindicatos norteamericanos y europeos, por lo que había que lograr impresionar a algún jefe de redacción para encontrar lugar en ellos. Alberto era perseverante, y mientras tanto, desde 1938 publicaba en una revista de barrio: Acento editada por sus hermanos y amigos de éstos. Al tiempo, consiguió que se interesaran en su trabajo, aunque "pagaba muy poco; [pero] ese poco me permitió dejar el otro trabajo". Sus primeras historietas fueron una tira cómica muda llamada Mr. Pickles, que no obstante nunca logró vender y una sobre un detective chino: Mu-fa, de la que vendió diez tiras.

A principios de la década del 40 comienza a colaborar con ilustraciones e historietas en la revista Tit-Bits para la editorial Láinez, adaptando Las aventuras de Rocambole. "Lógicamente salió un embrollo. Tuvieron que cortarla porque no se entendía nada.". Trabajó para la editorial por más de una década y fue allí donde aprendió las primeras armas del oficio, inspirándose en autores como Burne Hogarth.

En 1946 sustituyó al dibujante Augusto Cortinas al frente de la serie Vito Nervio, que publicaba la editorial Dante Quinterno en la revista Patoruzito. Con guiones de Leonardo Wadel, alcanzó una gran perfección expresiva, aunque un rotundo Breccia manifestara que "de todo aquello, nada es rescatable". Realizó también la serie del Oeste "Armas de fuego" para el mercado europeo.

Su primera gran obra fue Sherlock Time, creada a finales de los años 50 con Héctor Germán Oesterheld. La evolución que se aprecia a partir de esta obra estaría motivada en parte por la rabia que le provocaran las palabras que una noche le espetara su amigo Hugo Pratt: "Vos sos una puta barata, porque estás haciendo mierda pudiendo hacer algo mejor".

En 1960 comenzó a trabajar para la editorial británica Fleetway y consideró la posibilidad de mudarse a Europa, aunque la enfermedad de su primera esposa (que falleció poco después) hizo que decidiera quedarse en la Argentina. En 1962 Oesterheld y Breccia crean Mort Cinder, a la que siguen Vida del Che Guevara (1968) y una nueva versión de El Eternauta (1969), que originariamente había ilustrado Francisco Solano López en El Eternauta (1957). Analizando su propia obra en 1970, Breccia dirá que "antes y después de Mort Cinder, nada". Un autor contemporáneo como el español Víctor de la Fuente consideraba, sin embargo, que su obra sobre el Che Guevara era modélica, afirmando que

En ella se desmitifica al héroe y se analiza al hombre. El héroe está desposeído de todos sus atributos, se enfrenta al lector sólo con su imagen, y cada uno de los lectores lo califica como héroe o villano. Creo que Breccia ha logrado una labor de análisis verdaderamente gigantesca, con un grafismo que raya en la abstracción, ha hecho palpitar a un hombre en su desnudez dialéctica, superando todo lo que tiene de mito este personaje.


Tras realizar la Historia gráfica de Chile y parte de la Historia gráfica de la República Argentina, trabaja para revistas italianas, como Il Mago, de Milán, la cual edita Los mitos de Chtulhu (1973), una colección de adaptaciones de diferentes cuentos de H.P. Lovecraft realizada junto al guionista Norberto Buscaglia, que sorprenden por su estilo menos realista y más expresionista, que se adapta a la perfección al tono del original. Tras ello, no abandonó el campo del terror ni de las adaptaciones, ya sea de los relatos de Edgar Allan Poe o una versión-parodia del mito de Drácula (Drácula, Dacul, Vlad?, Bah..., 1984).

En 1974, El Viejo (cómo se le conocía en el mundo de la historieta), inició una duradera colaboración con el guionista Carlos Trillo, con el que realizó obras como Un tal Daneri (1974), ambientada en Mataderos, lo que para Breccia significaba "recuperar un poco mi infancia y mi adolescencia"1 . Más tarde realizarían juntos otra obra: Nadie (1977). Pero su obra más importante tras Mort Cinder llegó de la mano del guionista Juan Sasturain. Se trata de Perramus (1983). A medio camino entre las aventuras y el humor absurdo, esta obra ridiculiza y a la vez denuncia la dictadura argentina, mezclando personajes ficticios con otros reales (como el escritor Jorge Luis Borges, que, en un ejercicio de la más pura historia ficción, es galardonado con el premio Nobel, que en realidad jamás recibió) y obtuvo el premio Amnesty en 1989, en la categoría de mejor libro a favor de los derechos humanos.

De sus últimas obras, cabe destacar Informe sobre ciegos (1991), adaptación de uno de los pasajes más escalofriantes de la novela de Ernesto Sabato Sobre héroes y tumbas, donde Breccia capta magistralmente la atmósfera inquietante y enfermiza del texto original y logra imágenes alucinatorias angustiosas.

Entre enero y agosto de 2008 participó póstumamente, con originales aportados por el Museo del Dibujo y la Ilustración, en la muestra homenaje a la Historieta Argentina, realizada en el Centro Nacional de la Imagen, Angouleme, Francia, por iniciativa de José Muñoz.

Alberto Breccia no es sólo un reconocido maestro del dibujo y un gran artista de la historieta y el comic, fue también un genial pintor, faceta ésta menos conocida por el gran público pero no así por sus adeptos y coleccionistas. Él mismo explica: "La plástica me interesó antes que la historieta (...) Toda mi vida he pintado; pero esta faceta está escondida, porque no quiero mezclar la hacienda."

Su producción en este campo no fue muy grande, sino más bien pequeña y muy escogida. Al igual que innovó en el dibujo, en la pintura al óleo realizó trazos magistrales y tanto trabajaba en lienzo, como en tabla o con escayola; para él los materiales y los tamaños de los cuadros no eran problema. Su obra pictórica, abstracta, fuertemente impresionista, colorida y triste a la vez, está impregnada de la sensibilidad social y de la desgracia del alma humana, que también supiera plasmar en sus grandes obras como Perramus, Informe sobre ciegos y tantas otras, es hoy día muy buscada y cotizada.

Y, obviamente y para los que les interese, tenemos que hacer repase casi obligatorio por los títulos publicados, siendo estos:

Obra

De La mano de Breccia

La familia Breccia caminando bajo la nevada mortal de Oesterheld

No puedo evitar encontrarme con una referencia en la línea de sangre de esta familia prolífica como para no mencionar a su hijo, Enrique Breccia, quien siguió más de cerca y más fielmente el dibujo de su padre y se reafirmó en un estilo propio, quizás no tan experimental como el de su viejo. Imposible describir la cantidad de risas que me habrá sacado este otro… en si, si uno mira la obra de uno y otro comparándolas, no tienen punto; uno nació y laburó durante mucho tiempo, viviendo entre la injusticia del destino de estas latitudes, especialmente viviendo la censura y la política, inmerso en un contexto bastante más áspero que el otro, quien nació tarde y supo utilizar todos los recursos que tuvo a mano para demostrar una visión un poco más realista, un poco más fantástica y otro poco de payasesca con sus creaciones. Pero es imposible negar que, también ambos, tuvieron sus encuentros respectivamente con la fantasía en sus creaciones, y con la raíz que los anclaba a estas tierras.

En fin… un toquecito más de información.

Hijo del dibujante Alberto Breccia, fue influenciado por su padre desde pequeño en la pintura, el dibujo y las historietas, al igual que sus hermanas, Patricia y Cristina.

Colaboró con su padre en la realización de dos obras trascendentales del género: Mort Cinder y El Eternauta. Para la primera se concentró en la labor técnica del dibujo y en la segunda en la creación de las situaciones de mayor pesadilla de la historia.

Profesionalmente, comenzó a finales de los años 1960 ilustrando novelas argentinas para la editorial Difusión.

Su primer trabajo profesional fue su colaboración en La vida del Che (1968), junto con su padre y con guión de Héctor Germán Oesterheld. Los originales de esta obra serían quemados más tarde debido a la situación política que atravesaba el país, una dictadura militar que encontraba en esta obra ideas contrarias a las suyas.1


En 1972 comenzó una colaboración de 8 años, bajo seudónimo, en la serie Spy 13 para la editorial británica Fleetway. En ese período realizó La leyenda de Thyl Ulenspiegel basada en la adaptación de Norberto Buscaglia de la obra de C. de Cóster (historia que quedó inconclusa), de donde proviene el estilo para su personaje más famoso, Alvar Mayor. Ese mismo año empezará a colaborar con ilustraciones para la revista Billiken y los libros de la Colección Billiken. En esta época trabaja para la revista italiana Linus. Ya con guiones propios realiza obras de temática bélica.

Junto a Scutti de Ediciones Récord, realiza historietas que se vendían en Italia. En 1976 en la revista Skorpio, de Ediciones Récord, publica El buen Dios con guión de Carlos Trillo. Con el mismo guionista y a partir del número 36 de 1977 de la mencionada revista, comienzan a publicar Alvar Mayor. En Récord trabajó junto a guionistas como Guillermo Saccomano, Ricardo Barreiro y Walter Slavich.

Participó en la revista Superhumor desde sus inicios, en 1980. Junto a Carlos Trillo (guión), realiza Los enigmas del PAMI.

En 1983 y para la revista D'artagnan de Editorial Columba, dibuja Ibáñez con guiones de Robin Wood.

En 1984, aparece en el mercado la revista Fierro. Enrique publicó en ella desde el comienzo. Allí aparecerían dos historietas reconocidas de él, El cazador del tiempo, y en 1985, El Sueñero. Otras obras de ésta etapa son Metro-Carguero, con guiones de Enrique y dibujos de Cacho Mandrafina; y El reino azul, dónde dibuja, en color, los guiones de Carlos Trillo.

Dibujo también la primera parte de la trilogía sobre Lope de Aguirre con guión de Felipe Hernández Cava que habrían de terminar Federico del Barrio y Ricardo Castells.

Su debut en Estados Unidos fue con X-Force para Marvel en 2000, la tapa de Uncanny X-Men, Legion Worlds y Batman: Gotham Knights para DC comics. Por encargo del editor Karen Berger realizó las ilustraciones de la novela gráfica Lovecraft publicada por Vertigo Comics en 2003.

Cowboys Cabalgando hacia el Oeste, entre Perón y El Che

Gente de cultura remarcable por la cantidad de detalles y los guionistas propios con quienes se han codeado, los Breccia (porque no puedo hablar de uno solo, por más que lo quiera) tienen un lugar más que privilegiado en mi biblioteca. Sus obras tienen el toque hermosísimo de las películas de antes, rodeadas y dominadas por las sombras y los recortes; Alberto tiene una ano ara el pincel, el dibujo y la construcción de las escenas que no lo he visto en ningún otro dibujante hasta el día de la fecha. No te pone las cosas en claro; hace que el dibujo te narre a viva voz lo que está pasando, lleno de significativos y de significantes. Las sombras y los pedazos de cosas construídas en sus obras son simplemente fascinantes; no voy a dejar de leer, por ejemplo, los Mitos de Chtulhu, por lo menos hasta que sea viejo y me fatigue rápido de todo aquello. Tampoco podemos despreciar el terrible trabajo que hizo como historietista hacia la mano de, lo que fuera, la tiránica oposición dictatorial. Los trazos políticos se adivinan y hasta se gritan en sus obras; pero si bien pueden disgustar a más de uno (personalmente me declaro apolítico, por falta de interés más que nada), es un reflejo fiel que el mundo de la historieta necesitaba; una manera más de aprender historia o, en su defecto, de que la historia sea narrada, convertida en historieta.

Para mí, ambos van a ser siempre polaroids de una época extraordinaria; una época por la que vivieron nuestros padres, acaso abuelos, y por la que nos codeamos todos en el día a día, porque estos hombres representan excelentemente el sentido de la historieta como construcción dinámica; es parte de un período de la historia, es parte de una fantasía con sabor a chicle, es parte de sombras informes o edificios construídos de recortes de diarios, es pedazos de fotografías y líneas de tinta gruesísimas, son trazos a lápiz que nunca son pasados a tinta.

Son vos, son yo, son argentina, y a la vez son el mundo y a veces, el universo. Los Breccia han sabido modelar tan bien esa masa informe de imaginación que todos tenemos en la cabeza, que poco más me queda que decir de ellos, excepto que desde ya tendrían que tener, al menos y de manera casi obligatoria, un Mort Cinder en su biblioteca.

Una fuerte bienvenida a Padre e Hijo a la Biblioteca y nos vemos en la próxima de Autorazos!

Cataqclismo

Vieja, traé el Raid


Diría mi viejo limpiando el patio de atrás (todos tenemos un patio de atrás, que es donde la familia tira todo lo que no tiene un lugar específico); “Lo que va a ser esto en verano, con el calor y la humedad…”

Mis queridos lectores, este año se nos viene lleno de cambios… y Frikilogía, al parecer, está tomando mucho danonino, porque sigue creciendo sin parar ni un poco. Y muy a nuestro pesar, porque tenemos miles de cosas en consideración, también seguimos abarcando un pedazo de esa parte visual y anímica que son las series animadas. Es mi turno de comenzar a hablar de una clase particular de series de los noventa, una clase de series que no pueden escapar a los ojos de nadie que tenga número de serie de los ochenta; las series de bichejos, mutantes (en el original sentido de mutación y no a lo X-Men), y otros crepitares de diferentes vuelos, temperaturas y sonidos.

Si, señoras y señores, si. Todos aquellos que quemamos buena parte de nuestras retinas mirando el Big Channel, o inclusive Telefé, o inclusive las repeticiones baratas de ATC (creo que era)… todos tuvimos nuestra etapa virtual y zarpada de los noventa. Y toco una nota bastante olvidada en esa época, una nota llena de desperdicios, mugre y cosas relativamente desagradables.

Ábrase el telón, aquí están, estos son…

Plagas sin Fertilizante

Creo que la mayor pregunta que puede surgir a la hora de ponerse el traje del fumigador es… POR QUÉ? Porqué habiendo tantas cosas habidas y por haber justamente los padres de la industria gráfica y / o de merchandising deciden atraernos hacia lo que podría sonar tan desagradable?

La respuesta no es sencilla, pero tampoco es tonta. Es muy simple; los chicos tienen fascinación por los insectos, lo sucio, lo malo. No pretendo darme vuelos de psicólogo (por Dios, no!) ni pedagogo, pero no escapa a los ojos de nadie que a todos los chicos pequeños nos fascina el hecho de ver una pequeña forma de vida, tan diferente y desagradable a lo que estamos acostumbrados a ver. Tampoco escapa el hecho de que revolcarse en el barro, resfriarse con la lluvia o cualquier otra cosa que pueda conllevar una pequeña rebelión que te hace sentir vivo (y feliz) es atrayente, inclusive inquietante. Obvio que cuando uno es pequeño no se para a reflexionar; de hecho, el día que un chico se pare a reflexionar ALGO terminaría siendo un mundo demasiado aburrido. El chico promedio no piensa; actúa y vive, auténticamente, como cualquier ser humano lo hace, solamente que medido por lo que el mundo le dice.

El mundo le dice “lávate las manos antes de comer” y el chico hace. El mundo le dice “coleccioná figuritas”, y el chico hace. El mundo le dice “no saltes en los charcos de lluvia…” y el chico intenta hacer. Siempre es feo que te prohíban comer golosinas antes de cenar o boludeces por el estilo. Porqué? Porque es coartar la seguridad y la felicidad tuya, de vos como chico y del placer que te da esa golosina (y el más secreto placer de la conciencia de estar haciendo algo prohibido), arrancarte lo auténtico que tenés como chico.

Por eso, creo yo, este reguero de series relativamente bizarras y seguramente poco bromatológicas; la industria ve, analiza y te sirve en un plato esterilizado toda esa cosa asquerosa que tanto te gusta como chico. Desde la seguridad del televisor el pibe puede hartarse de cualquier cuestión, viviendo en el papel de sus personajes favoritos aventuras que jamás podría hacer en carne propia. Y desde la fantasía, las cosas quedan en la fantasía propia del adulto, sin saber que el niño mismo tiene la fantasía más tangible de todas.

En fin…

Yendo a lo que nos compete, hay varias series creadas desde el vamos para impresionar, para chicos con ganas de pelearse a mocazos o tortas de barro, o simplemente para chicos a los que les gusta esa clase de estética. Estas son, a mi juicio, las más destacables:

Creepy Crawlers

Esta retorcida serie que pasaba de tanto en tanto por algún canal de aire nos dio a más de uno de nosotros, un momento de felicidad y recuerdo. Sobre todo por el hecho de que te ponía en los pies de un niño “normal” (como todos somos de chico, no?) que no solamente tenía su propia pandilla de amigotes mutantes, sino que también resultaba ser su humilde creador.

Como gran parte de las series de los 90, los Creepy Crawlers era un dibujo basado en merchandising para juguetes, pero irónica(o sarcástica)mente el juguete tenía más años que la mierda. Verán, no se si alguno de ustedes recuerda el juguete en sí, el Creepy Crawler Maker o como mierda se llamara, que era la caja en la que uno ponía el liquidillo que te traían, calentabas el molde y sacabas el juguete pseudo-gomoso del bicho que habías elegido, llenándote de la misma ilusión que tiene cualquier persona al crear cualquier cosa (desde un cocinero creado un pedazo de pan hasta un carpintero haciendo una mesa), y obviamente reportándote una satisfacción similar.

En sí, la serie, producida por Saban (quien no recuerde este estudio morirá bajo mi mano) narraba una historia sin demasiado sentido, peor en esa época nos atraía cualquier cosa que brillara, estuviera en la tele y tuviera un buen opening. La serie te cuenta la historia del pendejo protagonista, que laburaba en una tienda de magia e ilusionismo del archiconocido Profesor Googengrim, un hijo de puta fracasado. La cuestión es que el chabón diseña y crea una Caja Mágica, y gracias a una alineación planetaria única en millones de años la caja se vuelve violenta y le da vida a unos cuantos amigotes mutantes. El chiste es que como estos los había creado el pibe, los mutantoides terminan siendo buenudos y amigables. Pero, obviamente, como los malos están a la orden del día, el patrón del pibe ve la caja y de lo que es capaz y se la chorea, creando secuaces para dominar el mundo.

De acá se desprenden un par de cosas relativamente particulares, si nos ponemos a pensar:

-Que solamente se necesita una caja mágica para que alguien quiera conquistar el mundo

-Que solamente se necesita buena voluntad y genuina inspiración para crear “monstruos buenos”

-Que obviamente la magia tiene algo que ver con mutantes, insectos, esqueletos y demáses

Lo cual nos da a pensar en qué habría usado el pibe en esa puta caja. Pero bueno, probablemente nunca lo sepamos. Un par de detalles que probablemente algunos recordarán es que los bichejos buenos tenían que dormir boca abajo en el armario del pibe para “recargarse” (tenían un reloj de arena en el estómago, o algo similar. Probablemente termitas. Si si, termitas >_>).

Les dejo un pedacito de la intro para que recuerden, y si no recuerdan, bueno, mírenla como algo didáctico:

Toxic Crusaders (Los Vengadores Tóxicos)

Esta serie, que también rezumaba cuestiones extrañas y de mutantes, fue parte de una serie de series (valga la redundancia) que, en los noventa, además de caricaturizar la mutación, revelaba la mierda y denunciaba la polución; series que dejaban a sus protagonistas en circunstancias ásperas debido a la severa contaminación que siempre los “hombres malos” hacían que el planeta sufriera. Parte de estas series eran el Capitán Planeta y las Tortugas Ninja, entre otros. Pero bue.

Básicamente y haciéndola corta, los Vengadores Tóxicos está basado en otra serie de producciones, que fueron más que nada películas clase B que estaban apuntando, por lo que vengo leyendo, solamente al extremo de lo bizarro y lo barato; como mezclar adecuadamente un bajo presupuesto con películas que se vendan. La película original era El Vengador Tóxico, una película violenta donde el protagonista de la serie tenía la misma historia (en realidad, en la serie se respetó parte de la historia original); era un pobre conserje al que le rompían las bolas sus clientes en un local random, que termina cayendo sobre una pila de deshechos tóxicos y transformándose en una cosa horrible, gigante y extremadamente fuerte. En la película, al revés de ser el malo (como en los monstruos de las producciones de los 50, en los que el monstruo siempre era el monstruo), se transforma en un condenado vengador que hace pagar a los narcotraficantes, mafiosos y demáses lacras de la humanidad con la misma moneda; la violencia, y es por esto reconocido por la sociedad.

La serie obviamente tenía que suavizar varios hechos, principalmente porque no podían poner el mismo contenido de violencia en una serie animada para niños (además, es de orígen yanqui, y ya saben lo estrictos que son estos pibes con la censura). La serie narra la historia del mismo pobre pibe que se termina mutando, pero crea a varios compañeros y varios villanos bizarros (que parecen salidos de pulps baratos de los 60) cuyo objetivo es siempre corromper (en el sentido original de la palabra) a la gente y los recursos del mundo.

Personalmente, recuerdo esta serie con cariño porque, además de ser un amante de todo lo que sea deforme y poco común, las historias de los orígenes de estos tipos eran bastante cómicas. Por mencionar un par:

  • NoZono: un piloto de pruebas que cae por el agujero de ozono y termina aterrizando en una pila de pimienta atómica (no pregunten), lo cual lo muta dándole el gigantesco tamaño a su nariz y su habilidad con los estornudos.
  • Junkyard: Un cuidador de una chatarrería que había adoptado a un perro sin saber que su patio de deshechos también tenía deshechos tóxicos. Un rayo los combinó juntos… y salió eso.
  • Headbanger: Una fusión bizarra entre un científico loco y un surfista que sin querer, provoca un accidente en el laboratorio del DOTOR para que ambos terminen combinándose juntos. En sí este personaje era malo, pero termina aliándose con los buenos gracias a que “las chicas prefieren a los buenos”. Tiene dos cabezas.
  • Mayor Desastre: un ex-milico con la habilidad de controlar plantas gracias a haber aterrizado en un pantano radioactivo.

Como venía diciendo antes, también podemos concluír con esto que:

-Parece que en los noventa había muchísima contaminación / deshechos… pero es irónico que esto se haya olvidado hoy día. O quizás los héroes triunfaron? O es que ya no vende? >_>

-Las mutaciones más copadas del mundo no solamente se dan por accidente, sino que siempre la gente ATERRIZA sobre algo que los cambia. Este es un punto constante.

-Las fuerzas del mal siempre intentan contaminar todo PORQUE SÍ. El punto flojo; faltaba denunciar un poquito más abiertamente el porqué se movían intereses así.

Pero bueno. Los dejo con la intro y pasemos a otra cosa.

Los Tomates Asesinos

Quizás a los que más cariño les tenga, los Tomates asesinos son, a mi parecer, el ejemplo por excelencia de lo que les venía diciendo: bizarrez, sinsentido y aventurillas.

Los Tomates Asesinos fue una serie que salio en base a una película, inspirada en otra película (por más bizarro que suene), así que vendrían a ser algo así como un nieto de una idea original.

La idea original la tuvo Hitchcock, con su película “Los Pájaros”, un film que, como gran parte de la filmografía de Hitchcock, lejos de ser solamente un clásico, es también una película de culto. El celuloide en sí narra la historia de una serie de eventos macabros y ataques contra humanos de parte de cualquier criatura alada. Esta película, fuera de sentar muchísimos precedentes para muchas cosas (el primer ejemplo de la naturaleza revelándose contra el hombre, sin ir más lejos), se transformó en fuente de inspiración para múltiples cabezas; obviamente, entre ellas estaban las de los creadores de los Tomates Asesinos.

Los Tomates Asesinos originalmente fue una película, de esas que narraba antes de bajo presupuesto e ingenio bizarro. Personalmente me gusta creer que llegó un punto en el que el cine padeció, agonizó y, finalmente, terminó pariendo cosas porque sí. Esa parte es en la que nació esta película. El refrán o slogan de la película rezaba algo como “Durante años fueron aplastados, hervidos, trozados… y ahora se están vengando!”. No hay mucho más que explicar que eso; simplemente son tomates que atacan a la gente con, obviamente, un científico loco de fondo y héroes que son víctimas antes que héroes.

La serie animada (que es lo que en realidad nos compete) narraba lo mismo; el loco Dr Gangrena inventaba la manera en como animar tomates que asesinaban humanos de puro gusto. Por accidente crea dos tomates buenos; un tomate peludo que no sirve para demasiadas cosas (ni para salsa) y un tomate que adopta forma humana, conciencia y buena voluntad. Este otro tomate (la chica de la serie) es la que sale a alertar a la humanidad que el Dr Gangrena y sus secuaces estaban planeando destrucción y conquista mundial. El resto es pura pelea… y con miles de tomates como extras, se imaginarán (o recordarán, como yo) la cantidad de kilombos que puede haber. Pamplona? Quizás.

Bueno muchachos, creo que fue suficiente de cosas bizarras por hoy… pero quien sabe? Dejé muchas cosas ahí afuera que todavía no se incluyeron, y este análisis fue muy vago. Probablemente nos leeremos el mes que viene con más cuestiones para comentar, más series rescatadas de la memoria colectiva y diferentes maneras de arruinar presupuestos y lugares. Abrazo y sean bienvenidos a una era de distorsión mental! Remember your roots!

Cataqclismo

Historia de la Sopa Fermentada


Mis queridos niños, los he reunido hoy con un solo propósito; adquirir un poco de conocimientos en Bromatología y en cuidados de la salud de los alimentos. No, no terminé de enloquecer y me dediqué a vender ensaladas en un delivery que se llama La Espinaca de Popeye (aunque no suena tan descabellado cuando lo lees), ni tampoco me puse a pensar en otras delicadezas de la salud alimentaria de nuestros queridos Frikilectores. Tampoco me pegué una intoxicación como para quedar curado de espanto, ni tampoco se me ocurrió cambiar el rumbo y pegar el timonazo en Frikilogía. No, mis queridos niños, esta nota viene de la mano de uno de los personajes más sanos y, a la vez, mas espeluznantes que alguna vez desfilaron por las páginas de un comic. Trístemente célebre en algún punto, Lo que hoy les presento es a Swampy… o La Cosa del Pantano, para delicados.

Alejando las Moscas del Potaje

La Cosa del Pantano es un comic relativamente bueno de la mano de DC. Para los que lo desconocen, este personaje viene desfilando entre el celuloide, el pulp y el papel ilustración desde el año 1971, año en que el propio sello editorial apuesta un poco más a los comics de horror y suspenso y le pone las fichas a varios proyectos, entre ellos, el de Swampy.

Algunos podrán encontrar grotesco el hecho de tener un comic relacionado con pantanos, moscas, vegetales, agua estancada, olor a pedo de vaca… pero seamos sinceros y francos; qué sabemos de los pantanos? Nosotros, habitantes de llanura y concreto, acostumbrados a un río de barro perpetuo y a la horda de mosquitos en verano no nos podemos quejar.

Pero no nos alejemos del punto principal, que es, en síntesis, contar un poco de qué va la cosa. Básicamente hay que pensarlo desde varios lados por el hecho de que Swampy no es un personaje fácil de comprender ni tampoco de digerir, como buen caldo denso que es.

Ya desde el vamos haber usado el calificativo Thing (cosa, en inglés) lo deja al márgen de muchas cosas. No es humano, ni tampoco un animal, ni bestia ni monstruo… ni por asomo, un superhéroe. Es una cosa… y como buena cosa que es se dedica a tirarle las orejas a varios.

Acá encontramos la dualidad de la Cosa, porque a pesar de ser efectivamente una cosa (no tenemos ni la más puta idea si darle la mano o pelar un lanzallamas) tiene una forma y un comportamiento plenamente humano. Se mueve de la misma manera en que lo haría un hombre al que le gustan en exceso los pantanos, se sumerge en las aguas podridas con una majestuosidad que los viejos monstruos de Hollywood tenían… y sin embargo, no pretende asustar a nadie. Simplemente quiere que nadie les rompa las terlipes y pasar su vida en paz.

Conozcan a los Cocineros

Swampy aparece, como dije más arriba, en 1971, en una historia independiente homónima que narraba la historia de Alex Olsen, un químico que laburaba obviamente cerca de un pantano y que es traicionado por un compañero para casarse con la mujer, matarla y forrarse en guita. La típica historia de los ’40: el tipo explota envuelto en “químicos misteriosos y mezclados”, y se funde con el pantano mismo y queda completamente deforme; vuelve como el vengador incomprendido que es, mata al traidor y, como la mujer no lo reconocía y solamente se asustaba de verlo, la historia concluye tristemente con La Cosa volviendo a los pantanos para readaptarse a su nuevo hogar.

Ahora abro un paréntesis, porque no sé si se habrán dado cuenta (o si yo soy un limado viejo que ve patrones por todos lados), pero fíjense que en historias afines, especialmente las de producciones de cine, el monstruo es siempre la víctima inherente a un caso de venganza, odio, adulterio o cualquier otro yuyo. Y siempre, siempre, el monstruo que era un hombre (o mejor dicho, el hombre que era un monstruo) quiere redimirse, y termina trágicamente solo o muerto. De acá se me desprenden un par de conclusiones como frutas de la cabeza; la más obvia es que había ganas de poner héroes (o anti-héroes, o anti-hombres en todo caso) que tuvieran la nobleza de aceptar un destino impuesto que les había cambiado la vida en noventa grados, y de olvidarse, o caer en el olvido. La otra es la no-comprensión de la mujer (como elemento en las historias) de que su marido / esposo / novio / hermano se transformó en otra cosa, o sea, la discriminación de un estado posterior que el pobre tipo ni siquiera eligió.

Atenti que tampoco es así siempre; también se puede dar el histeriqueo del bicho por no querer avergonzar a la chiquita. Pero bue, fin del paréntesis.

Como podrán suponer, Swampy gustó bastante, así que le dieron la plata del alquiler y de los guisos del mes a un par de pibes (de los que vienen los nombres de Len Wein, Roy Thomas y Gerry Conway) y la cosa empezó a tener su propio comic, ahora adaptado a un marco de un poco más contemporáneo y alterando ligeramente la historia original; el químico se transforma en un científico que investigaba una fórmula para hacer brotar vegatales de cualquier parte (pero sigue explotando en un laboratorio y aterrizando en un pantano), el tipo que le quería robar la mujer se transforma en muchos agentes patoteros que le querían robar la fórmula, a mnos de un enemigo random (Mr. E.) y la mujer nunca existe. El chiste del segundo (y definitivo) Swamp Thing es que esta cosa es más musculosa y se parece más a un humano (aunque no deja nunca de ser una cosa pseudo horrorosa), y tiene la habilidad de hablar, diferencia particular que la primera cosa no tenía y que le da la posta para poder comunicarse (a pesar de no ser un charlatán, se puede comunicar).

Otra cuestión que me estaba olvidando es que éste Swampy no solamente está enamorado, sino que ese amor es correspondido; la mujer que ama es una profesora de secundario, albina (como para ponerle las cosas más raras todavía), que vive en los Pantanos de Louisiana y está casada con un hombre en coma. Obviamente esta mina, como las grandes mujeres de los héroes, permanece en el anonimato la gran parte del tiempo y es lo que más lo acerca al mundo humano tangible.

A partir del principio, La Cosa del Pantano se troca en cosas raras, aventuras supernaturales y demáses yerbas que todos pueden tener en casa, como cultos, supervillanos extradimensionales y jugar a la payana en la niebla del pantano.

Como último detalle me gustaría agregar que los co-creadores de Swampy también crearon un personaje bastante similar para Marvel, Man-Thing (de quien hablaré algún día cuando tenga que tirarme a leer los comics), que trata de un monstruo bastante similar que habita los pantanos de Florida en vez de Louisiana, y que es un poco más monstruoso y un poco más letal (si su enemigo tiene miedo, se vuelve corrosivo, lo cual resulta jodidamente conveniente); el chiste es que cuando los editores recalcaron la similitud entre ambos los creadores no dijeron nada y se hicieron los boludos, particularmente porque tenían que pagar el alquiler, la luz y probablemente el gas. Los editores, por su lado, hicieron mutis también por una razón muy simple; llevar un juicio por originalidad en una industria que mueve millones no es fácil, y menos cuando existía un precedente con anterioridad llamado The Heap, de ediciones Eclipse, una edición de miles que proliferaron en los ’40, durante la bien llamada Era Dorada del Comic (en que parecía ser el negocio de la época, y seguramente las imprentas se vendían de manera absoluta y fácil). Es de idiotas presentar un juicio cuando sabés que hay un descendiente con los derechos de un personaje muy parecido y más viejo por ahí… y además, tanto Swampy como Man-Thing eran personajes pequeños de historias secundarias de DC.

Pero bueno…


Yerba Silvestre y otros Yuyos

Hablando de detalles particulares, tengo que recomendar la lectura para el que quiera meterse en los pantanos de Swampy, especialmente a los amantes del género (horror? Supernaturalismo?) y a los amantes de los rincones oscuros de DC. Otra cuestión que quería mencionar es que esta serie tuvo como guionista al excelente Alan Moore en la saga American Gothic, además de que durante la misma se introduce por primera vez un personaje amado por muchos de nosotros; John Constantine, el mago londinense (aunque llamarle mago es un insulto).

Swampy es un bicho raro. Como decía al principio de la nota, no puede renunciar a su condición de Cosa, pero tampoco renuncia a la humanidad que le queda, especialmente gracias a Abby, la Profe de secundaria a la que más de un alumno le habrá silbado piropos. No se mueve por ganas de salvar el mundo ni tampoco por venganza, ni tampoco por cuestiones que vayan más allá del bien y del mal.

Si bien creo que estas creaciones y estos personajes tienen su complejidad (tienen que tenerlo, al fin y al cabo), hay cuestiones dentro de su propio desfile de disfraces que no se pueden negar; una de las cosas que más rescato y recalco de Swampy es la simpleza del bicho. A pesar de hablar, el flaco pasa gran tiempo escuchando o simplemente contemplando el paisaje, o pensando o pasando todo por los sentidos, su mente y su corazón; en este sentido es más similar a una planta que a un hombre, o más al tipo que te ayuda sin decir una palabra pero siempre con una sonrisa entre los labios.

La historieta en sí puede molestar por momentos en cuestiones respecto a relleno (existen muchos diálogos que no cambian nada, pero contribuyen al drama general de la trama, o escenas que se alargan demasiado tiempo al pedo, quizás), o por maneras de tocar los estratos de DC… pero también hay que considerar que DC tiene un universo muy presente, y que se mueve por contactos entre ellos. No hay manera más copada de pensar en Swampy que en eso; reduciéndolo a la simpleza y la tranquilidad de los Pantanos en vez de moverse por el aire con Superman o salvando al mundo con la Liga de la Justicia.

Swamp Thing también tiene un secreto que no muchos notan, porque, sobre todo a esta altura, está bastante diluido con los entretelones que funden la obra. Y es, como mencionaba antes, el aire de monstruo que no es monstruo, tan bien impreso tantas veces en Hollywood. No puedo dejar de pensar en la vieja Momia cada vez que lo veo, sumergiéndose en los pantanos para descansar eternamente una vez que decidió hacer el bien y dejar de obedecer la voluntad del forro de turno; o en La Criatura del Lago Negro, un film estrambótico y clásico en su movimiento, en que el bicho lo único que hace es rescatar y ser perseguido por eso.

Estas historias también conllevan un mensaje que, aunque viejo, no deja de ser vigente; denuncian a la verdadera monstruosidad y no a lo estrafalario o lo macabro. No es necesario tener cuatro piercings en la cara y un tatuaje de V8 en el cuello para robar, ni tampoco hace falta moverse por lugares siniestros (como pantanos, callejones oscuros o bares) para terminar transitando círculos tenebrosos. Lo único que hace falta es inertir energías en consumirse o consumir a otros… y no necesariamente la tapa hace al libro, como dice el refrán. Todos conocemos una criatura del pantano; silencioso, esencialmente bueno, de apariencia malinterpretada o monstruosa. Y muy probablemente todos lo vean a él antes que al señor de traje y corbata.

Eso es todo por hoy! Nos vemos en la tinieblas del pantano


Cataqclismo