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viernes, 16 de abril de 2010

Merdichesky, un Policía como Muchos



Los autores de historietas argentinas son nutridos, excelsos y variados. Eso diría una nota que empezara con cursilería de blog de cuarta, pero como nosotros somos uno de quinta, arrancará de otra manera.

Hablando de historieta argentina, todavía no hicimos una reseña demasiado extensa, pero es más por ser colgados y no por falta de material, o ganas. Y como por ahora no hay disponibilidad para una serie de notas violentas, nos vamos a tener que contentar con otra respecto a uno de los guionistas más importantes del rubro, asociado en dupla con otro de los dibujantes mas representantes.

Estamos hablando nada más y nada menos que del dúo Trillo/Altuna. Lectores fieles de Frikilogía habrán recabado alguna información de estos dos autores, guionista y dibujante, que hicieron más de un trabajo genial en su época, gracias a aquella nota dedicada a Las Puertitas del Señor López. Allí Altuna y Trillo nos deleitaban con la vida de un oficinista mediocre que tenía sus escapismos en delirios propios. Hoy, retomando la cultura del hombre común pobretón, nos deleitan con el pascual de Merdichesky. Pasen y vean.




El Plomero, El Gasista y el Electricista contra King Kong y McDonalds



Merdichesky arranca tranquilo, con ese estilo que es tan propio de estos dos autores de falta de texto explicativo y dialogo insinuante, narrándonos la vida del insignificante agente de policía homónimo, realmente un pobre tipo que se ve envuelto en los propios líos en que él se mete por su propia inactividad. En una nota hecha años atrás a Trillo, él mismo declamaba que era un hijo de la colonización norteamericana. Aquí mismo podemos ver esta herencia, porque la estructura misma del cómic está planteado como un policial negro yankee.

El tema es que, como bien me decían hace un tiempo, los autores latinoamericanos no pueden evitar poner mucho de si mismos en sus trabajos. El tema es que no hay demasiados guionistas donde se puede apreciar el producto porque, como también decía Eduardo Rossi en el Entrecuadros de Diciembre pasado (léase el Parvulario, CEC actividades), se ve muy comprometida la profesionalidad de cada uno en sus propios trabajos, y también tenemos un par de esos entre nosotros.


Pero estoy perdiendo el punto. A lo que iba era a que en Merdichesky se ve perfectamente la unión entre la sátira y la cotidianeidad comunacha de todos los días (mates, tradición de tomar la leche, entre otras), mezclado con un par de figuras mas y el lenguaje utilizado entre los personajes de turno, incluye dentro de la obra situaciones innegablemente argentinas. No obstante, también sobreabundan elementos del género (policial negro), lo cual hacen que la obra, en su totalidad, pueda ser leída desde las dos costas sin que ningún lector deje de sentirla como algo muy propio y ajeno al mismo tiempo.



Paredón y Falcon Verde


A pesar de que hay obras como ésta que sobrevivieron impolut

as a la contaminación cultural irracional y vejadora de ideas, también las hay quienes no escaparon, y es innegable el impacto que tuvo sobre la historieta Argentina, como sobre muchísimos otros rubros artísticos e intelectuales, el golpe del ’76. Cuando una obra puede transmitir sentimientos, situaciones, vivencias y cuadros expresamente alegóricos, las tijeras de la censura no se hacen esperar y cortan no solo las obras, sino también a sus autores.


Merdichesky mismo no se vio ni se ve afectado por ninguna persecución, pero es innegable el hecho de que saberte ejerciendo una profesión que te puede hacer desaparecer condiciona al autor a escribir cierta clase de obras y a dibujar cierta clase de personajes; otra forma de censura, un poco menos violenta y detectable. Y a pesar de que este duo dinámico ha esclarecido, a lo largo de sus contadas obras, un marco de referencia en contra de ciert

o contexto (atacando al contexto como tal y no a las figuras de turno, lo que le da un poco más de trascendencia), no podemos decir que han mantenido una lucha pareja.


Si podemos decir que la trayectoria de la historieta argentina ha sufrido y sigue sufriendo hoy de la segada que nos pegaron por esos años, intelectual y culturalmente hablando; inclusive hoy, a 34 años de que aquel contexto apareciera, seguimos teniendo sujetos que combaten espectros del pasado (con justificación, obviamente) de una manera repetitiva y poco resuelta.


Sin embargo, es solo una generalización, y las generalizaciones encierran una verdad parcial y una mentira potencial; y como esta sección de la nota ya se ha extendido

demasiado, dejo el resto del contenido para otra, más particular.



El Tipo Medio-Pelo



Merdichesky narra la historia de un policía típico norteamericano, o a decir verdad, de la caricatura de este personaje. El muchacho en cuestión es tipo demasiado mediocre, inútil con algunas agallas, que porta una pistola reglamentaria y está dentro del cuerpo de policías de la ciudad de Nueva York, específicamente un lugar que apodan el Precinto 15.

Merdichesky es un tipo inconsecuente e intransigente, hace mal su trabajo y no se esfuerza por completar ninguna meta. Metido en medio del baile del Hampa local, si resuelve alguna de las muchas situaciones que se le presentan es porque la solución le cae de arriba y no tiene ningún reclamo de conciencia, o llamado del deber que lo impulse a desempañar aunque sea n poco mejor su tarea.


En palabras de un blog amigo, “Su protagonista es el vivo retrato del antihéroe policial y del metepatas involuntario. Su imagen, la de este policía, digo, dista mucho del estereotipo del cana duro, implacable y sabueso sagaz. No es más que un pobre diablo, enjuto, tristón y lánguido, que no termina de saber muy bien qué hace allí y al que casi todo le sale mal, o bien pero con efectos contraproducentes. Merdichesky es un irresponsable capaz de dormirse en plena labor policial o de hacer gala de una inconsciencia preñada de honradez que, en un ejercicio de torpe inocencia, se empeñará en desentrañar tinglados de mayor envergadura, en los que andarán inmersos individuos de alto copete (el hijo del fiscal del distrito o un senador), sin darse cuenta del terreno que pisa y de la situación en la que coloca a sus propios compañeros de comisaría, el Precinto 15 como le llaman. Su olfato policial es un auténtico desastre y cuando acierta, porque en alguna ocasión da en la diana, resulta que lo hace por pura casualidad.


O sea, es una historieta que nos cuenta la vida de un policía típico argentino, poco o nada heróico, inmerso en un mundo puramente agresivo y molesto, que se le viene encima cada vez que quiere ir a visitar a su vieja, otra figura casi de ogro payasesco que nos muestra a nuestra nona italiana o gallega en medio de la metrópolis norteamericana.

Recomiendo su lectura a los lectores del género que quieran encontrar risas en medio de la seriedad de un contexto al que hay que tener en cuenta si se quiere seguir respirando, y también a los amantes de la Sátira.


Ah, casi me olvido, Merdichesky fue originalmente publicado en la separata Superhum()r (del genial e innegable Cascioli), en 1981, y fue reeditado por Planeta DeAgostini este mismo año. Vale unos quince euros y es una foto copada de la época, tanto argentina como yankee.



Un saludo



Cataqclismo

viernes, 15 de enero de 2010

“Te han dejado blando, Boogie…”

Estamos bastante acostumbrados a ver muchas adaptaciones en el cine de algo que no estaba pensado en sus inicios para desfilar por la pantalla grande (comics, manga, anime, series de televisión viejas, libros, etc.), digo, no es ninguna novedad que éstas producciones vienen realizándose desde hace unos años.
Sin embargo en las últimas adaptaciones que ví, empecé a notar una tendencia (casi diría, un modus operandi) que plantea un interrogante en mi cabeza: “¿Acaso la moda de los últimos años es hacer insultos a las versiones originales?”. Pasó con Dragon Ball…y pasa con Boogie.

Hoy vengo a comentar (por si todavía no lo adivinaron xD) la película de Boogie, el Aceitoso. Pero ante todo dejo algo de información por si tenemos entre los lectores a alguno que lo desconozca:

Algunos datos

En 1972, en la revista cordobesa “Hortensia”, aparecen dos personajes emblemáticos del humorista gráfico y escritor argentino Roberto “el Negro” Fontanarrosa. Uno de ellos es Inodoro Pereyra, un gaucho al que más que seguro le dedicaremos alguna nota para él solito, y el otro es el que nos compete el día de hoy: Boogie, el Aceitoso.
Boogie es un mercenario estadounidense, veterano de la guerra de Vietnam y experto en todo tipo de armas, una persona que mata por encargo y que hace cualquier cosa por dinero (nótese el subrayado). Fontanarrosa utiliza un humor muy negro en éstas tiras cómicas, haciendo chistes que involucran el asesinato, el racismo, el machismo, los mercenarios y el armamentismo, todas cosas que provocaron revuelo entre aquellos que eran extremadamente conservadores o que no entendían la ironía con la que está planteada la historieta.

Boogie está basado en la saga de películas de “Harry el Sucio” (o “Dirty Harry”) y ya hasta en el nombre percibimos la parodia. Boogie y Harry se parecen en varias cosas: en la impunidad, en la falta de arrepentimiento, en el semblante serio, en la indiferencia a la hora de matar...sólo que Harry el Sucio es un drama y Boogie el aceitoso es…divertido. En la historieta Fontanarrosa nos muestra una evolución del personaje, que va de la mano de un cambio gradual en su dibujo, terminando en el estilo ícono del negro. Incluso en las últimas Boogie prácticamente toma el lugar de interlocutor para hacer acotaciones, y no tiene un lugar tan central como cuando empezó.

Pero si quieren algo más de detalles pásense por la mismísima página del autor: http://www.negrofontanarrosa.com/boogie/fpb_fp.asp

La película de Boogie, el aceitoso fue dirigida por Gustavo Cova y contó con las actuaciones vocales de Pablo Echarri y Nancy Duplaá como destacadas. La producción estuvo de la mano de Illusion Studios.

¿Y entonces? ¿Que tal la peli?

Cuando me enteré que iba a salir la película de Boggie, no pude evitar que desde lo más hondo de mi ser se escapara un ¡¡¡NOOOOOO!!! Y hasta hoy no me arrepiento. Pero pongamos la sinopsis para comentar de qué va esto:

Sonny Calabria es el capo mafia de la ciudad pero se encuentra acorralado por la justicia a causa de que su ex-amante, Marcia, decide presentarse como testigo principal en el juicio contra Sonny. El viejito obviamente quiere liquidarla pero en lugar de llamar a Boogie (quien solía hacerle los trabajos) contrata a otro tipo. El protagonista se entera y decide raptar a la testigo para demostrar que él sigue siendo el mejor de la ciudad, por tanto se enfrentará a la mafia de Sonny y su nueva arma.
Por cierto, el enemigo de Boogie en esta película (de nombre Blackburn) es una especie de ninja tecnológico, un tipo ágil que saca unos ganchos de la muñeca para colgarse de edificios simulando un Spider-Man muy mersa. En definitiva…una garcha. Además (y aclaro, spoileo) Boogie termina salvando a Marcia…lectores de Boogie: ¿Les parece que a este misógino le importaría la vida de una mina, sobre todo después de haberla canjeado por dinero?

Como ven, no es la gran historia, e incluso cuando la veía yo me preguntaba: “¿Boogie realmente se tomaría tantas molestias? No…él no capturaría a la testigo para tenerlo al otro en tarlipes y demostrar que es mejor, si el Boogie de la historieta se calentara porque contratan a otro que no es él, directamente iría y le rajaría la cabeza de un tiro al forro que solía ser su jefe”…pero obviamente los de la película no tendrían nada para contar xD

Vamos sin rodeos, la película es muy mala. La animación no me agradó, la historia me pareció traída de los pelos, las voces me parecieron una cagada (Ni siquiera tolero a Echarri como actor, ¿y se supone que tengo que tragármelo protagonizando a uno de mis personajes de historieta favoritos?) y se conserva muy poco del estilo de dibujo original de Fontanarrosa, incluso el Boogie de la película es distinto.
Alguno me dirá: Y sí, pero hay que estilizarlo para la película porque bla bla bla…no voy a eso, sino que el Negro tiene un estilo muy marcado y eso, precisamente, se ve bastante poco en la película.

Lo único que le rescato es que lograron conservar bastante (salvando detalles) la personalidad de Boogie mediante los chistes, ya que son un calco de los que encontramos en la historieta original, pero todos los extremos son malos. Las secuencias de éstos chistes quedan completamente desvinculadas, sin ilación. Y es que hacer una pelicula de Boogie (y de otros personajes de historieta cómica, como Inodoro Pereyra, Mafalda, Clemente, Yo Matías, etc.) acarrea los siguientes problemas:

1-) Las voces: Esto es lo primero y fundamental. Para mí es algo demasiado pretencioso ponerle voces a personajes que se mantuvieron por demasiados años en papel impreso. Por la simple razón de que al leer la historieta, uno le adjudica a cada personaje que aparece una voz con un color, un tono, una resonancia y un volumen determinado, incluso puede ser irreproducible para la propia persona. Por tanto es muy difícil encontrar una voz que deje conforme a todos los lectores, ya que cada uno eligió y adoptó una voz determinada para un personaje específico.
Lo mismo pasó cuando hicieron los cortos hablados de Mafalda, la propaganda de Clemente para el Quini 6 y la película de Patoruzito, donde les pusieron a todos voces horribles.
Fíjense que esto no pasó con personajes como Hijitus, nadie critica su voz; ya que es un personaje que, si bien nace de una historieta, tuvo mucho más peso a nivel televisivo (debido a que la historieta donde aparecía era secundario).
Pero éste es el principal problema con estos titanes del mundo impreso, y esto influye en la comicidad de la producción. Y al que me diga que estoy batiendo fruta, ¿Cómo me explica que durante la hora y media de película no pude siquiera sonreír una vez, mientras que cuando releí la historieta (aún después de comerme el bodrio animado) me reía como si fuera la primera vez que lo veía?

2-) La extensión: Es lo que dije más arriba con respecto a la ilación, la trama de la película se convierte en una excusa para rellenarla de chistes. No me malentiendan, valoro que hayan conservado los chistes casi intactos, pero la producción en general pierde mucho valor al hacer esta maniobra. Es decir, es preferible que la caguen haciendo muchos cortos de 2 minutos, donde cada corto sea un chiste y no que la caguen a gran escala montando una película que te termina cansando.

En fin…creo que hasta acá llego. No tengo mucho más para decir, lo central ya está. Pero les dejo un par de historietas de Boogie como para que vean y tanteen a este misógino, racista y asesino empedernido.

El Hippie Cósmico



















Cuando la Luna Enrojece

Todos tenemos un rincón impoluto dentro nuestro, ese rinconcito que guardamos desde que somos pendejos rompebolas y que con los años se llena de polvo y telarañas, pero jamás cambia. A todos nos terminan gustando ciertos clásicos, todos guardamos escenas, melodías, olores y sabores adentro nuestro, que brotan en la sinapsis de la memoria años después.
Y decimos “Esta película yo la vi cuando tenía tu edad”, o “esta canción me hace acordar a alguien que ya no veo”, o “este helado lo comíamos con los primos en Santa Ana”

Sea cual sea ese rincón, lo usamos como recordatorio de que llevamos ese mismo pendejo rompebolas que fuimos alguna vez adentro, y nos metemos en sus pies de vez en cuando.

Como frikilólogos, el pendejo rompebolas que tenemos adentro sale afuera más de una vez , y esta vez no es excepción, pues esta historieta nacional tiene muchísimos elementos que nos traen a esos momentos copados y viejos (que no son tan viejos a veces) que tenemos dentro.

Pero antes de adentrarnos, un poquito sobre los autores!




















Los Creadores

Carlos Trillo le pone el guión a esta historia de fantasía épica, un guionista de la reputa madre con una trayectoria importante en el ámbito del noveno arte. Este muchacho (que si no conocen, deberían) pasó por ámbitos tanto propios (con creaciones excelentes, como El Loco Chávez o Las Puertitas del Señor López, de la que ya tenemos nota) como ajenos (escribió historias de Hijitus y Anteojito en sus comienzos).

Se codeó con dibujantes del talante de Domingo Mandrafina, Horacio Altuna y, obviamente, el propio Eduardo Risso.

Trillo suele poner en sus historias montones de elementos fantásticos acompañados por codeos con la realidad circundante, lo cual hace que el cuadro surreal más coloreado no deje de tener un par de indirectas de concientización al lector. Eso, sumado al estilo innegablemente latinoamericano que tiene, lo hacen un excelente guionista y creador de historias y personajes.

Eduardo Risso le da cuerpo a los personajes de Trillo con una textura excelente, pues dada su capacidad artística elige tener para el escenario dibujos limpios, lisos e inclusive caricaturescos, lo cual hace de esta obra una obra más que representativa del género, envolviéndola en disfraces de absurdos y arlequines.

Risso también tiene una trayectoria y un dibujo únicos; ha dibujado en publicaciones de casi toda Europa, y también junto a guionistas excelentes. Puede pasar de un dibujo maduro y excelentemente negro, como el que se puede ver en su colaboración de Batman para la DC, a un dibujo infantil (y no tanto) sin restar complejidad ni tampoco contenido. Sus personajes siempre denotan lo que quiere denotar el Risso detrás de la cuestión, y es un placer leer en sus expresiones lo que la historia resguarda, fuera del texto y las acciones.




















La niña de Pelo Rojo y el Saltimbanqui Involucrado

La historia de Los Misterios de la Luna Roja nos sitúa en una edad media donde la magia es real, aunque la gente descrea de ella. Los dos protagonistas, Antolín y Luna, se juntan por azares del destino en una confrontación de imágenes que no dejan de girar hasta el final.
La Reina ha muerto, y el Rey de las tierras de Burien está demasiado triste para hacer otra cosa que sollozar y quedarse en su castillo, rodeado de la gente que los amaba. Su hija, Luna (una chica de pelo rojo que deambula por los terrenos de su padre hablando sola), es la única que parece no haber perdido demasiado de su corazón con la muerte de su madre.

A las tierras de Burien llega un grupo de Saltimbanquis (googleen, hijos de puta) para divertir al Señor; sin embargo, no hay demasiado quórum y el grupo de artistas transhumantes se marcha. En este grupo viene Antolín, un chico demasiado sencillo que divierte al público con piruetas. Antolín conoce a Luna y se caen mutuamente mal (aunque a Luna nada parece perturbarla, realmente), y cuando ya se está marchando con su grupo se topan con el Señor de las tierras de Leona, que, aprovechando la desazón en la que se halla sumido el Señor de Burien, arrasa todo a fuego y sangre para la conquista. Con algo de obviedad, Antolín escapa a la suerte de todo su grupo y regresa al Castillo de Burien, donde halla a su grupo, a Luna y a su papá presos en las garras del más malo de los malos.

Antolín libera a Luna, pues ella le dice que solamente su madre puede ayudarlos a rescatar el viejo Reino de las garras del invasor. Antolín en un principio no comprende hacia qué enfoca esta chica, pero con la marcha de los días y los viajes comienza a acostumbrarse a las excentricidades de Luna y los personajes bizarros que se van cruzando en su camino. Al mejor estilo de Mago de Oz, Luna y Antolín deben emprender un larguísimo viaje por un Reino encantando, reclutando en su camino a personajes tan estrafalarios como ellos, con habilidades tan bizarras como ellos mismos podrían haber tenido.

Luna habla todo el tiempo con un personaje al cual llama Bran, que ella asegura que es invisible y cuya voz no puede ser oída por otros. A todo esto, Antolín, el personaje en el que se para el lector, es el “tipo común” arrastrado a la aventura más por necesidad que otra cosa. Juntos entablarán batalla contra muchos rivales y conocerán los retorcidos recovecos que el mundo tiene, y los personajes representativos de estos.




















Recomendada especialmente para aquellos a los que les guste la fantasía y lo inesperado, la historia los lleva a conocer a personajes como Croker y Theo, dos compañeros arlequines que hacen las veces de comic relief para que no haya demasiado espacio a la seriedad, o el gigante Lamermof de Granf, una suerte de aliado-enemigo que les genera más de un dolor de cabeza.

Actualmente está bajo edición de Norma (editorial española), aunque originalmente fue publicada en la revista Genios, Argentina. Se divide en cuatro tomos: Bran, el Invisible , El Ataque del Circo, El Reino de Nunca y El Libro de Todos los Sueños.

Los Misterios de la Luna Roja es una excelente obra para dejar volar la mente a ese rincón que enunciábamos al principio de la nota, y es una muy buena manera de distenderse, reírse e inclusive llegar a comprender un poquito más todo ese sueño que todos tenemos dentro. Digna de compararse, en complejidad y originalidad, con la Stardust de Neil Gaiman, las aventuras de Luna y Antolín son un bocado artístico que ningún ávido devorador del noveno arte debería perderse.

Un abrazo, y nos vemos en la próxima recomendación.

Cataqclismo

miércoles, 15 de julio de 2009

Rajá que viene la Yuta!



El Cazador de Aventuras

Llegó la hora en que puedo hablar tranquila y serenamente (mentira, estoy contra el reloj para llegar a las 12 <.<) de uno de mis antihéroes preferidos de la galería Nacional de historietas.

Si señores, nada más y nada menos que el Cazador, ese personaje que, los que lo leímos, lo terminamos amando por todo lo detestable que era. El Cazador es un personaje retorcido, simplón a veces y muy atado a cosas que su mente sencilla puede llegar a comprender o descifrar en otras cosas. El Cazador es bruto, ignorante, tosco, pobre (casi indigente), inculto, animal, sádico, asesino… y argentino.

Mirar como fue evolucionando a través del tiempo es genial; sobre todo por ver cómo ganó su carácter más clásico tras unos cuantos años de remarla por el Under Argentino. La Historia del Cazador es una de las más retorcidas, inverosímiles y pintorescas que he conocido, y eso que, creo, tengo un buen repertorio en ellas.

Quizás lo único malo que puede haber llegado a tener esta publicación haya sido la redundancia en algunos puntos, a veces, y lo seco que quedó el guión en la segunda época. Pero bueno, es el Cazador, se le puede perdonar de todo.

Como Masacrar indulgentes (historia, spoiler-free)



El Cazador de Aventuras arranca en blanco y negro, allá por 1992, dirigida por Ariel Olivetti (dibujante de la reputísima madre) y creado por Jorge Lucas (dibujante y creador (por no decirle escritor-guionista; trasciende a eso). El Cazador se presenta como un héroe; si, por más inverosímil que suene, en un principio era un Héroe hecho y derecho.
Bueno… no tan hecho y derecho. Era tosco, brutal y denotaba argentinidad por todos lados… pero era un héroe. Perseguía a los malos de turno y le daba matraca a cuanto insolente se le cruzara.

La revista sufrió una retorcida vuelta cuando pasó, de los siete números iniciales en blanco y negro, al color. La gran mayoría de los comics que pasan del blanco y negro al color pierden muchísima de su magia… pero debo decir que, si bien al principio cuesta acostumbrarse, el Cazador no perdió nada.
Ganó muchísimo más, sobre todo si consideramos que es acá cuando el Cazador pasa de ser el Héroe al Anti-Héroe, más bruto y tosco que antes, menos interesado en el bienestar ajeno, muchísimo más sanguinario y oscuro.

Pero vamos a la pregunta que nos hacemos todos a veces, quien carajo es el Cazador?
La respuesta que nos dan los autores es que ni siquiera él sabe quién (o qué) es el/lo que está debajo de la máscara.
Y no es que realmente la duda nos invada; el Cazador es de esos personajes de personalidad y carisma tan impactantes, que dejamos de preocuparnos por su origen y sus detalles para aceptarlo como es; parte de esa mística perdida que tenían los héroes de antes (Hijitus , por ejemplo, por más pelotudo que sea el ejemplo).

La historia que se narra de la creación del Cazador es que era un simple mortal, hijo de un alemán que había servido en el ejército de Vlad Tepes (El Empalador, A.K.A. Drácula) y una aborigen del Nuevo Mundo que llega con la expedición de Solís al Río de la Plata en busca de tesoros. Después de pelearse con la gran mayoría de los fortines, él y una banda de hombres rebeldes a su cargo son expulsados; ahí gana el sobrenombre de Cazador de Almas, dedicado a saquear y masacrar indígenas a diestra y siniestra junto con su tropa.
El fin de sus correrías llega cuando es capturado por un grupo de chamanes indios que, además de matar a todos sus hombres, sellan en su frente la cruz cristiana invertida (el símbolo que él tanto había defendido), dándole el mayor castigo que se le puede dar a un hombre vivo: la Inmortalidad. “Nunca vas a poder morirte, nunca vas a poder descansar, y vas a tener que recurrir a matar para poder sobrevivir”.
Agobiado por los demonios que lo atormentan, se lanza de un precipicio intentando acabar con su vida para darse cuenta de que realmente es inmortal… desesperado por el hambre, comienza a asaltar caravanas españolas que venían allá, devorándolos. Semidesnudo, hace nacer el mito del Demonio de la Selva, que come hombres y nunca muere.

Años después de aquello, aún viviendo de esta manera salvaje y tortuosa, el Cazador explora un poco más de lo que siempre exploraba y se mete en un fortín, notando que todos los españoles están extrañamente muertos. Se topa con un ritual oficiado por Melkor, un Demonio, otrora Señor de la Oscuridad y expulsado de su Reino, quien intenta apoderarse de la Tierra; éste está acompañado por Balrog, un demonio que solo habla con insultos (es muy gracioso leerlo) y que recuerda a un Demonio de Tasmania. Tras enfrentarse y derrotarlos, Melkor huye asegurándole “Nos volveremos a ver, gordito”. Así queda planteada la rivalidad entre el Cazador y Melkor, probablemente su némesis, a quien en los primeros números combatía por verdadero odio fanático (“Yo soy la Ira de Dios!”, gritaba el Caza) y después, por inercia o cansancio.

Pasa el tiempo y el dibujo Blanco y Negro, el Cazador vive y habita en una Iglesia abandonada en las afueras de Buenos Aires y vive las más extrañas aventuras, usualmente venidas a él (éste Cazador, el clásico, es el cabrón que no se preocupa por nada). Fanático de las armas de fuego, amigo de Maradona, no tiene los dogmas que tenía el Cazador anterior… pero si tiene un odio que se enciende de nada ante cualquier cosa que le dificulte su existencia.



De más está decir que el Cazador no solo se reduce a la historia entre Melkor y su intento de conquista del mundo; por las páginas del comic se han paseado miles de personajes, entre los que se pueden enumerar: Patoruzú, Sherlock Time, Hijitus, Neurus, Isidoro y Upa, Superman, el Hombre Lobo, Drácula, extraterrestres, El Diablo y Dios, entre otros.
Además, el Cazador se ha paseado por miles de paisajes; desde compartir barco con Hércules y otros héroes griegos, hasta combatir con deidades germánicas y nórdicas, matar a miles de personajes oscuros (y no tanto), perseguir a su mascota Shubb-Niggurath por increíbles planos, y otros eventos bizarros.
Podemos darnos cuenta de que la vida del Cazador, además de entretenida, es algo vertiginosa. Cómo podemos poner a un personaje que estaba hace un rato puteando por un partido de Racing en Disneylandia? Y es simple, dándole el carácter simpaticón y satírico que tiene esta revista.

En mi opinión, la mejor época del Cazador fue cuando Lucas quedó como dibujante y escritor principal, esta Primera Época a Color. La Segunda Época tiene sus momentos rescatables, pero tanto el dibujo como los diálogos carecen del absurdo característico de la serie.

El Cazador es un asesino despiadado. Toma mates en su Iglesia y escucha la radio tranquilamente, mientras las ratas opinan. Es un violador, un desinteresado por el derecho ajeno y por la integridad física de los demás (prueba clara de esto es el ejemplar del fanático del Cazador). Es un asqueroso, con pocas normas morales e higiénicas. Es un hijo de puta, propiamente dicho.

Y es Argentino.

Léanlo solo si están dispuestos a enfrentarse al monstruo gráfico de detalles que es la obra, al absurdo y a la crudeza de algunas imágenes y conceptos.

Léanla solo si están dispuestos a enfrentarse al monstruo humano argentino.



El que Nunca Necesitaba Cerrajero; El Señor Lopez


Llega la hora de la edición del comic nacional en el mes de julio y yo pregunto inocentemente, “Che, quien va a hacer la reseña de los Oldies Argentos?”… y ante el silencio general, termino poniéndome la boina y escribiendo yo ¬¬

Hoy vengo a recomendar un clásico y una perlita no solo de la historieta argentina, sino de la historia nacional también. Las Puertitas del Sr. Lopez arranca en 1979, publicada primero en el Péndulo y después pasada a la más que famosa revista Humor (de la que alguna vez voy a encargarme de articular en forma escrita), es un comic controversial por la época en que fue publicado (plena dictadura, más que nada por el mensaje que dejaba entrever a través de las acciones y los símbolos) y arreglado en un hermosísimo trazo blanco y negro del maestro Altuna. Carlos Trillo (el otro que integraba esta dupla que hizo varias historias) le ponía el guión y la inventiva, que junto que la sátira fácil y la retórica reaccionaria conformaban este hermoso collage que era la vida del Señor Lopez.

A diferencia de otros, Lopez no tiene ni principio ni final; se presenta como historias individuales (y geniales) que reflejan una vida triste, solitaria y rutinaria.
Lopez es un empleado en una oficina, bajito, gordo, calvo, no habla a menos que le hablen. Vive atormentado por su esposa (una mujer gorda y fea, de carácter tempestuoso), sus familiares, sus amigos, y, sobre todo, sus propios pensamientos y su propia vida.
A pesar de todo, no es un personaje triste: para nada, parece más resignado a su vida regular, sabiendo que, del otro lado, tiene sus Puertas.

Y acá es donde se pone interesante la cosa.
Porque si bien Lopez es un hombre mediocre, con las mismas falencias que tenemos todos, que está totalmente sumergido en la rutina de una vida totalmente en blanco y negro, puede salir de ella cuando quiera. Por una razón que no es explicada nunca (y, la verdad, no importa), Lopez (de quien solo sabemos el apellido y el aspecto) puede escaparse de nuestro mundo a un universo totalmente suyo y alternativo, usualmente un reflejo deforme y gracioso de la realidad que le toca vivir, si bien rutinaria, cambiada por lo tintes del vaivén de la vida (todos los tenemos).
En algún momento de la tira, Lopez entra por esa puerta (casi impulsado por la necesidad de evadirse) y logra irse del todo de nuestro mundo, no sin tener de ese lado la contraparte de su realidad, usualmente un payaso de lo que siempre es.

Lo que más me fascinaba de leer a Lopez no eran las risas que la sátira que era ese “otro mundo” me lograran sacar (cuestión, en gran parte, importante y de mucho peso). Era el propio Lopez, y el intentar sacarlo del marco de la Oficina, la casa, el doctor o la calle para ponerlo en otro lado. Era (y es), además, el genial dibujo de Altuna, que ofició y dio cuerpo a las más descabelladas encarnaciones de la imaginación de Lopez (o debería decir Trillo?)

La Puerta que quedó Abierta



Es difícil hablar de Lopez.
Difícil porque no viví la época en que nació, y difícil por su simpleza.
Las Puertitas del Señor Lopez es una obra no muy extensa ni regular; pasa por fantasías que todo hombre alguna vez tuvo (eróticas, combativas, surreales, etc.) hasta lo realmente absurdo. Es, además, única porque Lopez es un Juan Perez (es decir, un hombre vacío para que nosotros nos pongamos en su lugar) y es, a la vez, Lopez. Es un personaje muy simple y muy mudo, casi un espectador de su propia vida, como si no pudiera verse a si mismo en esa línea de ferrocarril que es su existencia.
Acaso las Puertas lo dominan a él? Él es quien decide cuando escaparse? Es consciente de lo que sus Puertas pueden llegar a ser?

Lopez criticó y critica muchísimas cosas a través de, como dije anteriormente, la sátira. No solamente es martillo de atizar de la dictadura militar argentina de ese período, sino de una multiplicidad de cosas que nos rodean y que tenemos demasiado naturalizadas como para verlas (la televisión, la moral, el deber ser, la ética, la libertad de expresión, etc.).

Lopez, es mi consejo, es un hombre por el que sentirán pena, asco e inclusive, indiferencia. Pero es el protagonista y el antihéroe perfecto para esta clase de temática. Les recomiendo muchísimo su lectura, puesto que, como también dije arriba, es una obra que habla por si sola y es muy difícil de explicar.

Cataqclismo


lunes, 15 de junio de 2009

Recomendación: Nippur de Lagash



Llega el momento en la vida de todo lector de cómics en que te empezás a preguntar por si habrá algo realmente digno de ser leído a nivel nacional. No por quitarle desprestigio a este hermoso suelo patrio que tantas cosas hermosas ha producido (además de tantos desastres <.<) , pero cada tanto alguna decepción se sufre, o se piensa “Porque no…?” No se si soy específico, ni claro, así que avancemos.

Personalmente, empecé a interesarme en el cómic nacional desde muy chico, más que nada porque gracias a la herencia paterna, podía chorearle las historietas a mi viejo sin drama y quedarme literalmente horas leyendo, tirado al costado de la cama para que no me descubrieran. Solamente mi vieja ponía el grito en el cielo cuando me encontraba con alguna que otra Boogie el Aceitoso entre manos, porque la consideraba extremadamente violenta. Ni hablar si me agarraba con una Humor o una que otra Fierro.

Había muchos personajes entre las historietas de mi infancia, la gran mayoría cómicos (y no tanto) que me encantaban, y aún cuando no entendía en mi inocencia y pelotudez de todo chico, me reía igual. Era feliz leyéndolos, y los recuerdo con relativo cariño.

Nippur tiene una característica que comparte con Gilgamesh, por lo menos en lo que a mi respecta, pues los leí juntos cuando todavía jugaba con el Diábolo Bronco y salían figuritas de Dragon Ball Zeta. Nippur debe ser, junto al Inmortal, uno de los pocos personajes medianamente trágicos que leí de chico.

Era inverosímil pasar de una Mafalda a una historia donde había sangre, muerte, guerra y prosa, hermosísima y abundante prosa como solamente Robin Wood sabía (sabe) escribir. Era sobrecogedor ver a Nippur llorar a su ciudad perdida, a sus amigos muertos, a pelearse el todo por el todo, el nada por el nada, en cada batalla. Nippur no era como Superman, no sabías que sobrevivía si o sí al final de cada historia; ni tampoco como Batman, porque sabías que su terrible intelecto lo iba a zafar del más feo fin.

Nippur era un hombre. Y eso era lo que me encantaba de esta historieta.



Robin Wood, o el Ulises en vida


Primero a lo primero. Cuando uno es pendejo y lee una historia sobre guerreros mesopotámicos antiquísimos escrita por un tal Robin Wood, uno agarra viaje de que está leyendo una historia relativamente vieja, traducida del inglés que la escribió. Por lo menos eso creía yo hasta hace muy, pero muy poco. Y parece que no fui el único: cotejando con otros lectores y compañeros fanáticos, se comieron el mismo verso auto-infligido. Y es que tanto el nombre como el tipo de historia, y la escritura de la prosa en tanto a línea estilística, dan para que la cabeza de un niño tenga que apreciarla como extranjera (lo cual da para pensar, no?). Pero no señores, Nippur es bien del cono sur. No precisamente nacional, pero si de por aquí debajo. Y su autor vivió una vida relativamente áspera, hasta que comenzó a dedicarse a escribir guiones.

Robin Wood, y cito textualmente de San Wikipedia, era Ávido lector desde muy joven, se crió en una pequeña comuna de irlandeses y escoceses que se habían ido al medio del Paraguay a fundar una colonia socialista-comunista. Su madre no pudo mantenerle y durante varias etapas de su infancia vivió en diversos orfanatos, con lo que su educación formal no pasó de la primaria. Nunca conoció a su padre, pero alimentó su imaginación con los relatos de su abuela, quien no hablaba ni una palabra de castellano pero que había recorrido los lugares más exóticos del mundo.

Así que autodidacta y gran lector, con sólo los estudios básicos completos, debió empezar a trabajar desde muy joven en distintas ciudades de su país y luego del exterior. Se traslada a Buenos Aires, Argentina, a realizar diversos trabajos menores. Es allí donde conseguiría por fin publicar su primer guión de historietas, en lo que sería una fructífera relación con la Editorial Columba.

Viajero incansable como muchos de sus personajes, una vez que empezó a ganar dinero con los comics se dedicó a viajar por el mundo, y continuó escribiendo enviando los guiones a su editorial Argentina desde lugares como Mongolia o Europa.

Robin Wood vive actualmente entre las ciudades de Asunción, Barcelona, Copenhague y Buenos Aires, sitios desde los cuales sigue generando nuevas propuestas al género.
Una de las cosas que no menciona San Wikipadia y que yo me enteré gracias a la lectura del prólogo de la edición de Clarín, es que el pobre tipo vivía mal y dormía poco, laburando a dos manos para poder malvivir. La cosa es que el guión de Historia para Lagash lo había escrito hacía años ya, y el dibujante había conseguido plasmarla y publicarla, teniendo un éxito bastante rotundo; pero Robin se había ido, y el dinero correspondiente a él no iba para nadie. El propio Robin se enteró, viendo una de sus revistas en la calle, que su historia había sido publicada después de todo, y se presentó, sucio, flaco y mal dormido, a empezar a trabajar para lo que realmente tenía vocación.

Y es increíble que un autorazo como éste casi se nos escape de las manos, gracias a las ásperas políticas en lo que a Artes Gráficas respectan.


Historia para Lagash…


Bueno, basta de detalles técnicos y boludeces respecto a autores y comics de factura nacional, vamos a darle al guión:

Nippur es un alto oficial en la antigua Sumeria, nación mesopotámica de gran poder y buenas granjas, pero bien conocida en el mundo entero por sus militares. El protagonista es un hombre relativamente común que comienza sus días en las páginas de esta historieta como el resultado de un mal chiste: y lo digo así, porque realmente lo que lo empuja a viajar y a caminar el mundo no es otra cosa que un muy mal chiste.

Nippur es enviado a cazar a Ur-El, un hombre colosal a quien un Pastor contó a su rey, Urukagina. El Gran Rey (gordo, calvo y realmente repugnante, como todo Rey) lo quiere para que le divierta en su corte. Ur-El es encontrado y no sin una buena pelea, Nippur y sus hombres consiguen apresarlo. Tras ser llevado ante Urukagina, se le encarga a nuestro protagonista que lo forme militarmente, y parece empezar a formarse cierto tipo de vínculo entre ellos dos.

A todo esto, la frontera de Sumer estaba en constante conflicto bélico con los vecinos pero, oh sorpresa, de repente el Rey enemigo (Lugal-Zaggizi, recuerden este nombre) quiere paz, ofrece una de sus hijas a Urukagina como consorte y quiere ir a visitarlo para celebrar un torneíto para hacer buenas migas. El Rey gordo y calvo se traga el verso y los invita, Nippur debe entrenar a Ur-El para que de un buen espectáculo a los invitados.

El día de la fiesta, toda Lagash está hirviendo de muchedumbre, gente y buena onda. La corte de Lugal-Zaggizi entra con gran pompa y, extrañamente, una gran caravana de mercaderes se detiene también ese día para descansar en Lagash. Nippur y Ur-El deben pelear en el torneo, y lo hacen bien y sin perder… solamente para darse cuenta de que todo aquello era una mascarada para disfrazar la traición.

Urukagina se muere en su trono, apuñalado a traición por su Sumo Sacerdote, Sumur. Nippur, ardiente de rabia y odio por la traición, por los mercaderes que resultaron ser guerreros enemigos, por sus hombres muriendo, no puede hacer otra cosa que combatir brevemente y huir junto a Ur-El.

Es entonces cuando Nippur lanza un juramento al viento nocturno, perjurando volver a a Lagash y librarla de sus invasores. Es entonces cuando Nippur, al igual que Gilgamesh, se transforma en un Inmortal (metafóricamente hablando, orates <.<) sin ciudad, sin destino, sin nada. Todo por lo que ha vivido y lo que era la razón de su ser ha muerto, o le ha sido robado en una sola tarde. Ya no le queda nada que perder… como tampoco nada que ganar.
La Ilíada, la Odisea, La Comunidad del Anillo y Juana de Arco juntos (crítica)

Si bien exagero un poco con este título, es cierto que todo Nippur, a lo largo de su historia, ha contenido elementos de todos. Y es que el propio personaje, en su devenir de viajero, pasa por las más extrañas ciudades y libra las más extrañas batallas. Si bien a Robin Wood la fantasía no le iba demasiado y sí la aventura o batalla épica, nunca aleja ni espanta de la escena a ciertos elementos sobrenaturales. Los Dioses viven y están siempre con Nippur en todo recorrido.

Ahora, la crítica. En lo que a dibujo respecta, no tengo queja alguna, excepto quizás en la última línea de dibujo, en El Regreso a Lagash. Los dibujos acá están muy simplificados, si los comparamos con los de los inicios o con los que le siguieron: Lucho Aguilera, el dibujante inicial, era excelente dibujando en blanco y negro y solamente le encuentro comparación con Breccia (aunque este otro es un monstruo del que ya hablaré algún día).

En cuanto al guión… digamos que no es malo. En realidad, es muy pero muy bueno. Acá lo que depende más que nada es una cuestión de gusto y género.

A ver, este género de Aventura Épica, si bien corresponde a un armado de prosa e imita los viejos, viejísimos cantares que antes elaboraban los juglares, tampoco escapa a que es ajeno a nuestra época. Robin Wood es un escritor de la reputa madre, no lo dudo ni un instante: el problema con Nippur, me repito, es que responde a un género que algunos podrán juzgar de barroco o sobrecargado. Puede llegar a calificársele de Novela Gráfica, y no estaría para nada errado, porque sacando un par de secuencias de batalla no hay escena en Nippur que no tenga una descripción extensa, que juegue con las palabras y elabore metáforas, comparaciones y hermosos arreglos poéticos que ya hace tiempo murieron.

Esa es precisamente la mayor belleza y el mayor defecto de esta obra. Si no te gustan los diálogos serios y profundos, si no te gusta la línea narrativa, si no te gustan los personajes que aman valores que ya están muertos para nosotros (honor y gloria, principalmente, con una generosa dosis de valor y coraje)… entonces ni te gastés en agarrar esta obra, porque te vas a embolar en la tercera o cuarta página.
El otro error que le veo a esta obra es que Nippur, indefectiblemente, termine volviendo a Lagash. O sea, es previsible que si jura venganza en el comienzo de la historia alguna vez vuelva, pero no obstante, el recurso de que tenga que volver, que tenga una razón por la cual lamentarse y recorrer los caminos (la pérdida de la ciudad)… Volver a Lagash es una quimera que nunca debería realizarse. O, que si se realiza, debería ser parcial y no triste y melancólica como te la pintan. El Regreso es una secuencia casi burocrática, que no me deparó, por lo menos a mí, ningún otro gusto que verse cumplir la Profecía (lean Nippur, no pienso contarles) y el triste, triste destino que el propio Lugal-Zaggizi se forjó cuando invadió Lagash.

El que a yerro mata, a yerro termina, decía Martín Fierro.ç

El Eterno Errante

Y bueno, no sé que más decirles de Nippur. No hay manera de que recuerde esta obra sin cariño, porque creo que gracias a ella y otras lecturas fue que le tomé el gusto que le tengo a esta clase de aventuras, a los personajes épicos, a la prosa elaborada y a todas esas zarasas que se dicen y se leen siempre. Nippur tiene un nutrido número de viajes que les recomiendo lean, porque de cada uno se lleva algo diferente y deja algo diferente. Recuerdo uno de esos viajes, donde se retrataba perfectamente la esencia de esta historieta en un diálogo relativamente simple.
-¿Te vas sin Despedirte, Nippur?-
-Es mejor así-
-¿Por qué? Eres uno de los nuestros-
-No, Aneleh, y tu lo sabes tan bien como yo. Yo he sido un accidente y ningún accidente puede convertirse en costumbre. Yo pasé. Dejé una marca como la dejaría un pájaro o un rayo. Eso es todo-

Aneleh, Nippur de Lagash 27, Julio 1974
La esencia de Nippur es la de su Soledad y su majestuosidad de ser el General sin tropa, el Rey sin Castillo. Su condición, la de errante.

Nos vemos la próxima en más "El Delorean Impreso" (o como se llame esta sección >.<)
Cataq